Diario Parrillero

Cómo evitar el humo del asado en el balcón del edificio

Cómo evitar el humo del asado en el balcón del edificio

Un mediodía de sol en Caballito puede ser una trampa. Tenía el vacío marcándose lento en la parrilla soldada y el humo subía derecho, como un hilo, al tender del cuarto piso. Escuché el golpe seco de la ventana de arriba al cerrarse.

Ese nudo en el estómago cuando escuchás que un vecino cierra fuerte su ventana justo arriba de tu parrilla no se lo deseo a nadie. Es el aviso de que la convivencia está a un paso de romperse. Si no cambiaba algo, mi rincón de los sábados terminaba en el depósito del edificio.

Vengo de la quinta de mis viejos en Lomas de Zamora. Allá el humo es parte del paisaje, se pierde entre los árboles y a nadie le importa. Pero en un balcón de dos por tres sobre Avenida Rivadavia, el humo es un invasor.

El error del papel y las maderas blandas

El primer error que cometí fue querer prender el fuego como lo hacía mi viejo. Montañita de carbón, mucho papel de diario y algún cajón de manzanas que sobró de la verdulería de Rojas. Error fatal.

El papel de diario vuela. Son cenizas negras que terminan en las sábanas de los vecinos. Las maderas blandas hacen un humo blanco, denso, que pica en los ojos antes de que el carbón siquiera empiece a tomar color.

Chimenea de encendido con carbón de quebracho poniéndose blanco en un balcón

Entendí que para el balcón hay que ser quirúrgico. El carbón vegetal tiene una temperatura de encendido de unos 400 grados Celsius. Si lo forzás con porquerías que largan humo, perdés la batalla antes de empezar.

La solución fue la chimenea de encendido. Es un tarro de metal con agujeros. Ponés dos bollitos de papel abajo, el carbón arriba y te olvidás. En algo así como 20 minutos tenés las brasas listas sin haber generado una nube tóxica en el pulmón de manzana.

La elección del combustible y el crujido blanco

No todo el carbón es igual. El que venden en el súper suele ser una mezcla de maderas que chispean y largan un olor que se pega en las cortinas. Yo me pasé al quebracho blanco. Tiene un porcentaje de carbono de casi el 80 por ciento, lo que significa que rinde más y ensucia menos.

Me gusta el crujido seco del carbón quebracho cuando empieza a ponerse blanco y el calor constante que no arde la cara. Es una brasa noble. No hace chispas locas que puedan quemar el toldo de abajo.

Brasas de carbón de quebracho blanco al rojo vivo con capa de ceniza

Cuando el carbón está bien prendido, no hay humo. El humo real, el que molesta, empieza cuando la comida toca el fierro. Por eso, antes de tirar nada, espero a que la brasa esté bien roja. No hay que tener apuro.

Si todavía no le agarraste la mano a cuándo está listo el fuego, hace poco escribí sobre cómo controlar la temperatura de la parrilla sin usar termómetro. Te sirve para no quemar el primer chorizo por pura ansiedad.

El truco de la bandeja de agua y la grasa

El humo negro no lo produce el fuego. Lo produce la grasa animal cuando cae sobre la brasa ardiente. Es una reacción química básica: la grasa se quema, se vaporiza y sube con un olor a fritura que atraviesa cualquier persiana.

En una noche fresca de junio, probé algo que leí en un foro y me cambió la vida. Pongo una bandeja de acero inoxidable con dos dedos de agua justo debajo de donde voy a poner la carne, entre las brasas. El calor llega igual, pero la grasa que gotea cae en el agua y se enfría al toque.

Bandeja con agua colocada bajo la parrilla para evitar que la grasa genere humo

Neutralizás el humo negro antes de que nazca. Es la diferencia entre que el vecino sienta olor a asado rico o que sienta que se le está incendiando el living. Lo probé con un vacío bien gordo y funcionó perfecto.

Obviamente, esto requiere que acomodes las brasas en los costados. Es un método de calor indirecto. Tarda un poco más, quizás lo que dura una cerveza fría y media, pero el resultado es mucho más limpio para un edificio.

Flujo de aire: la técnica del extractor invertido

Acá es donde me puse técnico. Generalmente, uno trata de ventilar hacia afuera, empujando el humo al vacío del balcón. Pero en los edificios de Caballito el aire se estanca entre las paredes. El humo sube pegado a la fachada.

Mi táctica ahora es crear un flujo de aire cruzado hacia el interior. Suena raro, pero escuchame. Abro la ventana de la cocina y prendo el extractor al máximo. Eso genera una succión. El aire del balcón entra un poco hacia el departamento en lugar de subir directo al vecino de arriba.

Si tenés un extractor potente, el humo se diluye en el volumen de aire de tu casa y sale filtrado o se dispersa mucho más rápido. No se queda formando esa nube estancada en el techo del balcón que es la que termina entrando por la ventana del cuarto piso.

Perra mestiza durmiendo tranquila en el balcón junto a la parrilla encendida

El último asado de este invierno fue la prueba de fuego. Hice achuras y tira de asado. Roque, mi perra mestiza, dormía al lado de la parrilla sin estornudar. No hubo portazos de arriba. El aire del edificio se mantuvo limpio.

No soy chef ni pretendo serlo. Soy un técnico que quiere comer un pedazo de carne decente sin que le llegue una nota de la administración. A veces, para disfrutar del fuego en la ciudad, hay que aprender a domar el humo.

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