Diario Parrillero

Lautaro Báez

Redacción de Diario Parrillero

Sobre el autor

Técnico de mantenimiento en una planta embotelladora afuera de Avellaneda, desde 2017. Tres semanas de turno mañana, una semana de noche, algún sábado cambiado por horas extra. Treinta y cuatro años. Vivo en Caballito desde 2019, en un monoambiente sobre Avenida Rivadavia arriba de un kiosko cerrado. El balcón fue lo que cerró el alquiler.

La parrilla la soldamos con Ramiro, el cuñado, en el verano de 2022. Taller de la quinta en Lomas de Zamora, hierro en ángulo juntado de acá y de allá. El soplete lo manejó él: es mecánico de oficio y tiene una precisión con esa herramienta que yo no voy a igualar. La parrilla quedó angosta, larga, ennegrecida desde el segundo uso. Cuatro años después sigue siendo la misma.

Antes de eso, todos los asados de la familia pasaron por las pinzas de mi viejo. Habían pasado 29 años sin que yo encendiera un fuego solo. La ficha me cayó en algún momento del fondo de 2021.

Los primeros seis meses no fueron lineales. Chorizos quemados por afuera y crudos por adentro. Una charla incómoda con el carnicero de la calle Rojas sobre por qué seguía comprando matambre los lunes. Ezequiel, compañero de turno en la planta desde 2018, fue el primero en avisarme que el quebracho blanco no sirve para parrilla chica. Lo dijo como quien da un dato de fútbol, sin dramatismo.

Hoy la rotación es más o menos estable: vacío, asado de tira, achuras cuando el proveedor de Caballito no está empujando molleja de dos días. Claudio, vecino del cuarto piso, aparece en el balcón cuando el olor a carbón baja por el hueco del edificio. Trae vino sin que nadie se lo pida y desaparece antes de que toque limpiar la parrilla.

Roque, la perra mestiza de pelaje mayormente tostado, apareció de la calle en la primavera de 2023. Es la presencia fija del balcón cuando hay brasas encendidas.

Empecé el diario en marzo de 2026, cuando los títulos de los cursos de Hotmart que había ido abriendo en los domingos libres ya se me mezclaban en la cabeza. Cuando aparece un curso en una entrada, aclaro desde la primera oración si lo pagué completo, si accedí gratis o en promoción, y si lo terminé o en qué módulo lo dejé.

Cuatro años de fuego en el balcón de Caballito, sin cocina de escuela y sin carnicero de padrino. Cuando el diario toca temperatura interna de carne o higiene de alimentos, el texto lo marca y remite a ANMAT o al organismo sanitario que corresponda. La experiencia del balcón llega hasta cierto punto.

Escritos por Lautaro Báez

Divulgación

Algunos de los enlaces de este diario generan una comisión del lado del vendedor cuando alguien completa una compra. El precio que pagás no cambia. Lo que aparece en las entradas son cursos y productos que pasaron por mi tarjeta o por el balcón de Caballito. Los que no me cerraron figuran con la razón concreta.