Diario Parrillero

Consejos de manipulación de alimentos en casa para un asado más seguro

Consejos de manipulación de alimentos en casa para un asado más seguro

Hacía un calor de locos esa tarde de finales de febrero en el balcón de Caballito. El sol pegaba de costado contra la pared del lavadero y yo me quedé un rato largo mirando el vacío sobre la tabla. No era una mirada de hambre. Era esa sensación de que algo no cerraba. El termómetro de la calle marcaba casi treinta y cinco grados y la carne llevaba ahí, al aire, lo que dura una cerveza fría bien tomada. Ahí me cayó la ficha: por más que el asado sea un ritual sagrado, no es inmune a los bichos.

En la planta de Avellaneda, donde laburo desde 2017, el SGC (Sistema de Gestión de Calidad) es la biblia. Si una botella sale con una micra de suciedad, se para la línea. Tenemos protocolos para todo. Pero parece que cuando cruzo el umbral de casa y me pongo el delantal, la lógica de mantenimiento técnico se me borraba. Me relajaba demasiado con la higiene porque 'esto es para la familia'. Gran error.

La zona de peligro en el balcón

Primer plano de carne cruda a temperatura ambiente en una cocina soleada.

Esa tarde de calor sofocante empecé a pensar en la temperatura. En la planta sabemos que hay un rango crítico. Se llama zona de peligro y va de los 5°C a los 60°C. Es el parque de diversiones de las bacterias. Ahí se multiplican más rápido que los mensajes en el grupo de WhatsApp del laburo un lunes a la mañana. Si dejás la carne ahí, estás comprando números para una rifa que no querés ganar.

Lo que aprendí, y que trato de aplicar ahora, es el límite de tiempo. Si el alimento perecedero pasa más de 2 horas a temperatura ambiente, se terminó. No importa si es el mejor corte del mundo. El riesgo de una intoxicación no vale la pena. En verano, ese tiempo se reduce a la mitad. Si ves que el calor aprieta, la carne sale de la heladera directo a la parrilla, sin escalas en la mesada.

Mirá, yo no soy médico ni bromatólogo. Soy un técnico que arregla máquinas y que quemó muchos chorizos antes de aprender. Si alguna vez te sentís mal después de un asado, no busques en internet, andá a ver a un profesional de salud de verdad. Lo que te cuento acá es lo que me sirve a mí para no mandar a mi cuñado al hospital por un descuido básico.

El día que el tacho de basura se llevó una fortuna

Carne desechada en un tacho de basura tras perder la cadena de frío.

Hace un par de meses me pasó la peor. Venía de una rotación nocturna matadora. Esas semanas donde entrás de noche y salís cuando el sol te quema los ojos. Compré tres kilos de achuras el sábado a la mañana. Chinchulines, mollejas, de todo un poco. Las apoyé en la mesada de la cocina para 'organizar' la heladera y el cansancio me ganó. Me tiré en el sillón con Roque y me desperté cuatro horas después.

La frustración de ver el tacho de basura lleno de carne cara porque la puerta del freezer quedó mal cerrada o, como en este caso, porque me olvidé las achuras afuera, es un dolor que no se va rápido. El olor a 'pasado' ya estaba ahí, asomando. Las achuras tienen mucha superficie expuesta y son lo más delicado que podés meter en la parrilla. Si dudás del olor o del color, no hay fuego que lo arregle. Se tira.

Esa vez aprendí que la cadena de frío es lo único que nos separa del caos. Las bacterias como la Escherichia coli no avisan con un cartel luminoso. Están ahí, esperando que te duermas. Desde ese día, la bolsa de la carnicería no toca la mesada si no tengo un lugar libre en el estante de abajo de la heladera, que es el más frío.

El mito del lavado y la contaminación cruzada

Tabla de madera desgastada comparada con una tabla de polietileno limpia.

Acá viene lo que a muchos les va a sonar raro. Hay gente que tiene la costumbre de lavar la carne bajo la canilla. Mi vieja lo hacía a veces con el pollo. Error total. Si usás agua a temperatura ambiente, lo único que hacés es salpicar bacterias por toda la bacha y la mesada. En lugar de limpiar, estás promoviendo la proliferación bacteriana porque les das humedad y movimiento. El fuego es el que se encarga de lo que hay afuera, vos ocupate de que la carne llegue seca y fría a la brasa.

Y después está el tema de la tabla. El tacto pegajoso y el brillo aceitoso de una tabla de madera que absorbió demasiada grasa de chorizo de la semana anterior es una señal de alerta. Yo sé que la madera queda linda, pero para el asado crudo estoy usando polietileno. La madera es porosa, guarda humedad y es un nido de bichos imposible de desinfectar bien en un departamento de Caballito sin una bacha industrial.

Si estás preparando un vacío, usá una tabla para lo crudo y otra distinta para lo cocido. O lavala con detergente y agua bien caliente en el medio. Nunca, pero nunca, apoyes la carne que sale de la parrilla donde estaba la carne sangrienta de hace un rato. Es la forma más fácil de arruinar un domingo.

Temperaturas internas y el peligro de la carne picada

Chorizo parrillero bien cocido cortado al medio mostrando su textura interna.

En Argentina tenemos un tema serio con el síndrome urémico hemolítico. Es algo que en la planta de bebidas nos lo repiten siempre en las capacitaciones de seguridad alimentaria. El problema principal es la carne picada. Cuando picás la carne, lo que estaba afuera (donde están las bacterias) termina mezclado con lo que estaba adentro. Por eso, una hamburguesa o un chorizo no se pueden comer 'jugosos'.

La temperatura interna segura para la carne picada es de 71°C. Yo sé que a algunos les gusta el chorizo casi crudo, pero es un riesgo innecesario. Cuando el chorizo se parte y ves que el centro está grisáceo y bien cocido, es el momento exacto donde la piel cede y sabés que es seguro. No hace falta que sea una suela, pero el color rosado intenso en el medio de una carne picada es una bandera roja.

Fijate que cuando uno empieza a calcular los ingredientes para chorizos caseros, la higiene es el primer paso, antes que la sal o el pimentón. Si el picado no se mantiene frío durante todo el proceso, el producto final ya nace con problemas. En el asado de balcón, lo mismo: el chori sale de la heladera al fuego, nada de dejarlo 'atemperar' al lado de las brasas.

Pequeños cambios para un asado tranquilo

Dos juegos de pinzas metálicas separadas para carne cruda y cocida.

No hace falta volverse loco ni convertir el balcón en un laboratorio. Son detalles de sentido común que uno aprende a los golpes o leyendo los manuales del SGC en el horario de almuerzo. Por ejemplo, yo ahora uso pinzas distintas para la carne cruda y la cocida. O las paso por el fuego un ratito para esterilizarlas antes de sacar el primer corte. Parece una pavada, pero suma.

Roque ya sabe que mientras estoy manipulando lo crudo, ella se queda en su rincón. No quiero pelos volando cerca de la tabla de picar. El respeto por el producto empieza por cuidarlo de nosotros mismos. Al final del día, el asado es para disfrutar, para charlar con mi cuñado mientras el humo se va para el lado de Avenida Rivadavia y para comer sin miedo a cómo te vas a sentir el lunes cuando suene el despertador para ir a la planta.

Hoy el fuego sigue siendo el mismo de siempre, pero mi cabeza cambió. La seguridad alimentaria no es algo aburrido que solo importa en las fábricas. Es parte del oficio de asador. No soy un chef, pero me aseguro de que lo que sale de mi parrilla soldada sea tan seguro como rico. El sábado que viene toca asado de tira, y ya tengo la heladera organizada para que nada quede afuera ni un minuto de más.

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