Diario Parrillero

Cómo calcular los ingredientes para hacer chorizos caseros de buena calidad

Cómo calcular los ingredientes para hacer chorizos caseros de buena calidad

Tarde de finales de marzo en Caballito. El aire pesado, de ese que te pega la remera a la espalda antes de prender el primer fósforo. Estaba ahí, parado frente a un bol de acero inoxidable con cinco kilos de bondiola picada que me habían costado media quincena.

Miraba la carne y me acordaba del desastre del año pasado. Esa vuelta que le mandé sal a ojo, como hacía mi viejo en la quinta de Lomas. El resultado fue un embutido que parecía una piedra de salitre. Lo tuvimos que bajar con litros de soda y el doble de pan para que no nos quemara el esófago.

Esa tarde de marzo entendí que el "ojímetro" es para los que tienen cuarenta años de oficio o para los que no les importa tirar comida. Yo laburo en una planta embotelladora. Si le pifiamos al CO2 por medio gramo, la bebida sale mal. Con el chorizo es lo mismo.

La matemática del carnicero: la regla del 2%

Para no arruinar más carne, me puse serio. El primer número que tenés que tatuarte en el brazo es el de la sal. No es una pizca, no es un puñado. Es el 2% al 2.5% del peso total de la mezcla.

Si tenés un kilo de carne y grasa, van 20 o 25 gramos de sal. Punto. Ni más ni menos. Yo ahora uso una balanza digital que compré para pesar los repuestos chiquitos en el taller. La precisión te cambia la vida.

Cuando pesás la sal, te das cuenta de lo mucho que estabas pifiando antes. Parece poco cuando la ves en el platito, pero es lo justo para que el chorizo cure bien y no te pida un trasplante de riñón al día siguiente.

Balanza digital pesando sal gruesa junto a un bol de carne de cerdo picada.

Carne y grasa: el equilibrio del 70/30

Después viene el tema de la composición. Mi cuñado siempre decía que el chorizo es "lo que sobra". Mentira. Si querés calidad, tenés que elegir. Yo uso una base de 70% o 75% de carne magra (generalmente cerdo, bondiola o paleta) y el resto de tocino de lomo.

La proporción de grasa ideal está entre el 25% y el 30%. Si le ponés menos, te queda un corcho seco que no podés tragar. Si le ponés más, el chorizo se achica a la mitad en la parrilla y terminás comiendo una vela derretida.

En mayo, para un asado que hicimos un sábado de frío, probé una mezcla de 80/20. Error. Al cortarlo se desgranaba todo. Parecía carne picada adentro de un guante. Le faltaba ese brillo que le da el tocino bien distribuido.

Por cierto, si estás buscando ahorrar sin perder el norte, hace poco escribí sobre qué cortes de carne comprar para un asado económico entre amigos que te puede servir para elegir la base del embutido.

El secreto que nadie te cuenta: la temperatura de la carne

Acá es donde la mayoría de los manuales fallan. Te dicen qué ponerle, pero no cómo tratarlo. Podés tener la mejor carne del mundo, pero si la mezclás a temperatura ambiente, estás muerto. Es lo que los viejos llaman "embarre".

La grasa se empieza a derretir con el calor de tus manos. Si eso pasa, se separa de la carne y el chorizo pierde la estructura. La mezcla tiene que estar entre 0 y 4 grados Celsius. Casi congelada, pero que todavía se pueda amasar.

Me acuerdo de una tarde de junio, con el frío entrando por el ventanal del balcón. Me puse a amasar la mezcla de cerdo y tocino picado a mano. Sentía un pinchazo metálico, agudo, en la punta de los dedos por el frío de la carne.

Me dolía, pero estaba feliz. Sabía que si me dolía a mí, la grasa estaba en su lugar. Esa temperatura es la que garantiza que la proteína se active y logres la "ligazón". Es lo mismo que busco cuando armo la mejor mezcla de carnes para hamburguesas caseras: que el producto final sea una unidad, no un montón de pedacitos sueltos.

Manos mezclando carne de cerdo y tocino muy fríos en un bol de acero.

El factor líquido y el blooming de las especias

A mediados de mayo descubrí el error del exceso de vino. Le mandaba media botella porque "le daba sabor". Lo único que lograba era que la tripa se pusiera débil y explotara apenas tocaba el calor del carbón.

El líquido no debería superar el 10% del peso total. Un chorrito de vino blanco frío, con los ajos machacados ahí adentro desde la noche anterior, es suficiente. Eso ayuda a que el pimentón y el orégano se hidraten y suelten el perfume parejo.

Si te pasás de líquido, el chorizo queda fofo. Si te quedás corto, las especias no se distribuyen y te encontrás con una zona que es puro comino y otra que no tiene nada.

La tripa: el envase lo es todo

Para un chorizo parrillero tradicional, no hay vuelta que darle: tripa natural de cerdo de 32-34 mm de diámetro. Es la medida estándar que te asegura que el chorizo se cocine parejo por dentro sin quemarse por fuera.

Un truco que aprendí en un curso de Hotmart (el de Charcutería Artesanal, módulo tres, que fue el único que valió la pena): hidratar la tripa natural en agua tibia con un chorrito de vinagre. Eso le devuelve la elasticidad y le saca el olor fuerte de la salmuera donde viene guardada.

No soy un profesional de la cocina ni tengo una carnicería. Soy un técnico que no quiere que lo estafen con chorizos de puro pan rallado. Si tenés dudas sobre seguridad alimentaria, siempre mirá lo que dice la ANMAT o consultá con un bromatólogo; con la carne cruda no se jode.

Tripas naturales de cerdo hidratándose en un bol con agua y vinagre.

El domingo de la redención

Hace unas semanas, un domingo de esos donde el sol de invierno te engaña un rato, invité a mi cuñado. El mismo que me criticó los chorizos salados del año pasado. Puse los chorizos que había embutido el viernes en la parrilla soldada.

Los cuidé como si fueran piezas de la embotelladora. Fuego medio, nada de pincharlos (eso es un pecado capital, se te va todo el jugo y la magia). Los dejé algo así como cuarenta minutos, dándolos vuelta cuando la piel se ponía tensa y brillante.

Cuando el primero cedió bajo el cuchillo, el sonido fue perfecto. Un "crack" seco. La piel estaba crocante y el interior rosado, firme, sin agujeros de aire. No se desarmó. No hubo que pedir agua desesperadamente a mitad del almuerzo.

Roque, mi perra mestiza, se quedó sentada al lado de la parrilla todo el tiempo, esperando que un pedacito de grasa saltara por accidente. No saltó nada. Nos comimos hasta el último bocado.

Chorizo parrillero cocido y cortado al medio mostrando la textura interna y jugosidad.

Calcular bien no es difícil, es cuestión de dejar de lado el ego y agarrar la balanza. La próxima vez que vayas a la carnicería de Rojas, pedí la bondiola entera y el tocino por separado. Pesá todo en casa. El asado del domingo te lo va a agradecer.

Artículos relacionados